Lectura y reflexiones al entorno del informe europeo anual sobre empleo y desarrollo social de 2017

La lectura del informe europeo sobre el Empleo y Desarrollos Sociales en Europa 2017 (Employment and Social Developments in Europe, 2017) atisba un horizonte de optimismo a raíz del resultado de algunos de los indicadores de empleo de los últimos 3 años; aunque todavía destila preocupación por aspectos críticos como los niveles de pobreza, la situación de la infancia, la desigualdad, la precariedad del empleo, la competitividad, o los bajos niveles de inversión.  Este año muestra y relata una preocupación especial por la sostenibilidad del modelo de empleo y pensiones desde una perspectiva generacional.

Aunque la lectura general es positiva, es destacable que cuando se expresa puntualmente este optimismo siempre se recurre a la cautela de que hay excepciones en algunos países; una salvaguarda al optimismo que cabe apuntar que en la mayoría de los casos suele hacer referencia a la situación de España.

Bajo nivel de inversiones, pendientes todavía de una seria apuesta por planes de inversión en economía verde.

El informe describe que hay un aspecto que no está resuelto globalmente y que afecta negativamente al empleo y a la actividad económica: el bajo nivel de inversiones. Los indicadores de inversión no han recuperado todavía una senda suficiente y positiva, y describe que este aspecto es un aspecto crucial para la creación de empleo.

Desde la visión de transición a una economía verde todavía puede seguir viéndose esta debilidad pendiente como una oportunidad para favorecer las inversiones en pro de un nuevo modelo de desarrollo, en la línea de lo que estos últimos años se ha bautizado como en Green New Deal. Si los más de 10.000 millones de Euros del plan Zapatero del año 2009 se hubieran destinado a planes de inversión para la transición ecológica en alguno de los grandes yacimientos de empleo verde (gestión forestal, movilidad, eficiencia energética, agricultura ecológica de proximidad…) seguramente se hubiera generado nuevos efectos tractores de la actividad económica y la creación de empleo mucho mayores que lo que ha permito disponer de más y mejores vías públicas o proyectos de equipamientos dispersos sin evaluación de resultados.

En otros artículos de este blog se analizan las oportunidades de recaudación que ofrece la fiscalidad ambiental. Pues bien, la destinación de estos fondos para planes de inversión de economía verde iría claramente en la línea de favorecer la creación de empleo. Si esperamos a que resucite la especulación inmobiliaria para incrementar la inversión le estaríamos haciendo, de nuevo, un flaco favor a la sociedad. Y alerta, porque en el horizonte urbano del Área Metropolitana de Barcelona ya se empiezan a ver de nuevo las grúas.

 Los niveles de empleo mejoran, pero hay que acompañarlos de una lectura crítica

Un indicador que sí parece experimentar una remontada es la tasa de ocupación, que en España se sitúa en un 64% en 2017 (viniendo del 58,6% en 2013). Parte de la explicación  está en que se ha incrementado la participación de las mujeres en el mercado de trabajo y en que se ha atrasado la edad de jubilación.

Aun así, hay una lectura en este indicador que afecta muy negativamente a las mujeres con baja formación: Mientras que la tasa de ocupación para el conjunto de la población con un bajo nivel formativo se sitúa en un 63%, la tasa de ocupación para este tipo de población femenina sólo está en un 43%. Las mujeres con baja formación están mayoritariamente fuera del mercado de trabajo reconocido.

Al analizar la participación en el mercado de trabajo hay también otros aspectos que merecen una atención crítica en España. Uno de ellos es el notable incremento de la parcialidad en la contratación, que actualmente afecta a un 15% de las persones trabajadoras. Si nos fijamos en las mujeres de nuevo vemos como en este caso afecta a un 25%; una de cada cuatro mujeres trabajadoras reconocidas no tiene una jornada completa.

La reducción en los datos de desocupación es sustancial, pasando de una tasa de paro del 24,8% del 2012 al 19,6% en 2016 (casi 5 puntos menos). Aunque hay que recordar que el año 2007 la tasa de paro en España era del 8,2% (a más de 10 puntos), y que en aquél momento el paro era la primera preocupación social. Aun así la mitad de las personas en paro son de larga duración, y ahí encontramos otra de las cuestiones críticas que ya se anuncian los últimos años: la polarización del empleo. Cada vez hay un sector más significativo de la población que tiene más dificultades para encontrar un empleo.

Atendiendo a esta realidad es importante que las políticas de empleo tengan muy en cuenta los colectivos que deben ser prioritarios, que se estudien bien sus necesidades y que se diseñen los programas y las políticas de contratación y ayudas para que se favorezca su participación y su resultado exitoso.

Todo apunta a que los servicios de empleo deberán tener cada vez más una concepción global de servicio a la persona. La clásica orientación profesional deberá formar parte o complementarse con un acompañamiento integral a la persona, de forma que se puedan trabajar aspectos de salud, de competencias transversales, de vivienda, habilidades sociales, relaciones de pareja, apoyo emocional, crianza de niños, etcétera. En el mismo sentido las ayudas de empleo deberán formar parte de un abanico integrado de ayudas disponibles en el ámbito escolar, de vivienda, o de alimentación, entre otras. Sólo con la creación de un expediente único, la integración de servicios y la confección de programas y servicios de empleo el máximo de adaptados a cada persona será posible motivar y activar laboralmente a determinados colectivos.

Los hijos van a vivir peor que sus padres

El colectivo que está especialmente perjudicado siguen siendo los jóvenes, que tienen una tasa de paro del 45%.

La tasa de ocupación de los jóvenes es otro de los indicadores que merece una atenta observación. Desde el año 2006 (que estaba en un 39,6%) ha ido descendido progresivamente hasta un 16,7% en el 2014. Desde entonces y hasta el 2016 la tasa de ocupación de los jóvenes sólo ha ascendido hasta un 18,4%. O sea, mientras para la población en general la tasa de ocupación se recupera 6 puntos estos últimos años, para los jóvenes sólo lo ha hecho en 2 puntos.

Los jóvenes afrontan además otro análisis pesimista. Mientras la población mayor de 65 años tiene unos niveles de pobreza de 13% (se ha reducido un 16% durante los últimos 10 años) los jóvenes tienen unos niveles de pobreza de 23% (que ha aumentado un 6,5% en los  últimos 10 años). De hecho, el índice de pobreza en la infancia —menores de 17 años— es del 30%.

Llegados a este punto aparece en el informe la conclusión —ya conocida— de que por primera vez en muchos años de historia los hijos van a vivir peor que sus padres.

Y esta realidad no se corresponde con los gastos sociales que deberían ir aparejados, ya que mientras que a nivel europeo se constata un incremento en pensiones y salud (sin entrar a valorar su suficiencia), el gasto público para apoyar la desocupación así como las ayudas familiares se han reducido.

Los jóvenes están en una espiral de precariedad laboral que les impide afrontar su futuro con autonomía. El sistema laboral es insuficiente para garantizarles un escenario de protección social. Y, sin embargo, una de las actuaciones que se mencionan como más positivas a nivel social es fomentar la emancipación, ya que favorece el incremento de gasto, aumenta la fertilidad y aliviaría el sistema de pensiones.

Finalmente los jóvenes afrontan otra cuestión importante que es la sobreformación o, mejor llamada, la subocupación. En este sentido se constata que durante muchos años los jóvenes ocupan puestos de trabajo inferiores para los que se han preparado a nivel formativo.

El relato de la situación de los jóvenes es lamentable y,  sin embargo, una de las salidas más claras al escenario de colapso de las pensiones es que este número ingente de jóvenes inactivos se incorpore al mercado de trabajo aportando competitividad. Por lo tanto, debería ser crucial un plan de medidas interdepartamentales de apoyo a la juventud que vaya más allá de los programas de garantía juvenil restringidos a su ocupabilidad. Deberían incluirse medidas de fomento de la vivienda en nuevos formatos, de apoyo a la movilidad, a la creación cultural o al asociacionismo. Y todo, partiendo del derecho a la emancipación.

Hay que empezar a visualizar que la gran cantidad de jóvenes inactivos e inactivas son una de las mayores oportunidades que tiene nuestra sociedad para revitalizar la economía, cosa que probablemente no ocurre en Alemania, donde el paro juvenil apenas llega al 7% y pueden estar ante una grave amenaza de viabilidad de su mercado de trabajo.

El colapso en las pensiones

El elemento nuclear que analiza el informe es la solidaridad intergeneracional que se debe dar para mantener el sistema de pensiones. A nivel europeo se ve como la población activa se reduce un 0,3% anualmente y, sin embargo, incrementa un 1% la población mayor de 65 años. Cada vez más pensionistas y menos cotizantes. Y no solo eso, sino que la precarización del empleo (por incremento en los niveles de temporalidad, parcialidad y rotación laboral) contribuirán a que las cotizaciones sean inferiores. Esta situación anticipa que se deberán incrementar las retenciones a la seguridad social, lo que  provocará que se reduzca el valor neto de los salarios (‘takehome pay’) y que aumenten los costes de la contratación, o sea,  ‘pagar más para ganar menos’.

El informe apunta cuatro mecanismos para aliviar esta situación:

  • Mejorar la activación laboral para incrementar la tasa de ocupación. En este punto menciona la activación del conjunto de los miembros de la familia (‘second earners’); el incremento del salario mínimo como reclamo al empleo; y la integración y mejora de las políticas activas de ocupación.
  • Incrementar los años de cotización. Menciona que debería aumentar en relación con el aumento de esperanza de vida; que se deben dar las condiciones para asegurar que el trabajo es seguro y adecuado para estas edades; que se pueden implantar medidas para reducir las retenciones en estas franjas de edad de cara a incentivar el mantenimiento de su actividad; así como otras políticas activas dirigidas a este colectivo.
  • Favorecer la inmigración.
  • Incrementar la productividad.

En otro artículo de este blog se exponía que España tiene el mal vicio de asumir las recetas europeas que son socialmente más perjudiciales pero no acepta otras que son más necesarias y favorecen la equidad y la justicia social, entre las que podríamos destacar el incremento del salario mínimo o reducir la fiscalidad laboral en pro de incrementar la fiscalidad ambiental.

Ante las conclusiones de este informe europeo, y ante la lectura de los resultados de los indicadores laborales y sociales, se deberían tomar nuevas decisiones. Sugiero cuatro:

  • Determinar una batería de medidas de fiscalidad ambiental para financiar un plan de inversiones de economía verde focalizado a un sector estratégico generador de empleo. Podría ser la agricultura ecológica de proximidad, la eficiencia energética en edificios, la movilidad sostenible, la gestión forestal…
  • Integrar la orientación profesional para el empleo en un servicio más amplio de servicios personalizados de apoyo integral a las personas, creando un expediente único y contando con una cartera de servicios y recursos multidimensionales.
  • Integrar los recursos económicos dirigidos al empleo juvenil en el marco de un plan de intervención integral para jóvenes que pretenda y garantice su emancipación.
  • Incrementar los salarios mínimos

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