LECCIONES DE ECONOMÍA A UN PROFANO QUE BUSCA CAMINOS DE FUTURO PARA LAS PERSONAS Y EL PLANETA

Leyendo a Juan Francisco Jimeno: Crecimiento y empleo

Vaya por delante que la macroeconomía me cuesta. Me cuesta hacer esfuerzos mentales para buscar la lógica económica que explica la situación en la que estamos y apuntar las sendas de lo que sería un desarrollo racional. Y me cuesta porque me cuesta menos pensar que este país podría ir mejor si se persiguiera la corrupción como debiera, si no se hubieran regalado más de 40.000 millones de Euros a los bancos, si no nos obligaran a pagar 1.300 millones a ACS en la factura eléctrica por su incompetencia; y tantas otras cosas…

Pero en fin, hay que imaginar que algún día se instaurará una democracia de cierta calidad y estas cosas no pasarán, y que habrá que trabajar bien, codo a codo con los economistas, para construir un futuro próspero para las personas y el planeta.

La semana pasada vi casualmente —a través de un tweet— que durante el 2016 se había publicado el libro “Crecimiento y empleo” de Juan Francisco Jimeno. El título despertó mi curiosidad porqué en el ámbito de la economía verde —como estrategia de desarrollo— obviamente se confía en la capacidad de reactivar la actividad económica; y quería conocer cómo debería ser esa activación para no caer en la clásica óptica desarrollista de crecimiento sin más.  Ahí topé con esta lectura económica.

El libro, más allá de dar explicaciones interesantes a esto anterior incluye otras muchas cuestiones. Algunas de ellas han sido interesantísimas lecciones para mí, que no entiendo de economía. No niego que en algún caso las he leído con escepticismo y, en otros, mantengo todavía mis dudas y recelos, seguramente por ignorancia.

Aumento del PIB no tiene por qué implicar aumento en el empleo

Una de las claves que descifra el autor del libro es que no existe una relación directamente proporcional entre crecimiento del PIB y el incremento del empleo. Para mí no es novedad que el PIB no se considere un indicador para medir el desarrollo social ni ambiental, pero está muy bien ver como los economistas ahondan en las cifras para demostrar que, además, ni tan sólo bajo la lógica económica un aumento del PIB va a ir necesariamente acompañado de un aumento en la ocupación, con independencia de su calidad. Además pone de relieve como con los años los incrementos de PIB (y se refiere a países de la OCDE) cada vez son menores, cosa que tratará posteriormente apelando a lo que un antiguo economista denominó ‘estancamiento secular’.

Resulta que esta asociación: crecimiento de PIB-crecimiento de empleo, formaba parte del imaginario de economistas, decisores públicos y prensa.  De hecho, había un economista que se llamaba Okun que propuso una de estas leyes que se bautizan con su nombre: la “ley de Okun, y que consistía en la siguiente proporción: si el PIB aumenta un 3%, el paro disminuye un 1%. Una regla que el libro desmonta.

JF Jimeno expone ejemplos del año 2015 de países europeos que demuestran esta disociación. Por ejemplo, el caso de Italia donde creció ligeramente el PIB y se generó más empleo que Alemania y Francia, que incrementaron su PIB el doble. El motivo es que hay una relación multifactorial, sobre todo en relación a cómo evoluciona la población activa, de si la situación es de recesión o recuperación y del origen del incremento del PIB.

Sin embargo, sí apunta las relaciones en que la tasa de paro disminuirá:

  • Si no aumentan las horas trabajadas por trabajador
  • Si se reduce la productividad
  • Si disminuye la población activa

 

Rompiendo algún tópico, aunque me reservo la opinión hasta saber más

Otro elemento que expone es que no cree que sea aplicable aquello de “trabajar menos para trabajar todas” o que avanzar la jubilación favorezca en incremento de empleo a los más jóvenes. Estas conclusiones las engloba en lo que denomina “falacia de la cantidad fija de trabajo”, y que relata destruyendo el mito que el incremento de comercio exterior, la deslocalización o las nuevas tecnologías destruyan empleo. En este punto es donde comparto menos los argumentos. Ofrece hipótesis sobre lo que impactaría en los costes laborales el hecho de trabajar menos horas, apunta datos que muestran que el incremento de parcialidad en los contratos no reduce el paro, desarrolla ejemplos… pero no me convence. Seguramente debo hacer una lectura más detallada.

 

La productividad

El tema de la productividad es curioso, me han sorprendido los datos que ponen de relieve que España lideró el incremento de productividad por hora trabajada durante la crisis (2007-2013). El motivo que expone el autor es que la destrucción de puestos de empleo se concentró en los puestos de trabajo de menor productividad.

Y en este punto nace uno de los argumentos que posteriormente apuntará como claves, y que el autor reclama en numerosas ocasiones: debería haber más posibilidades de adaptar/reducir los tiempos de trabajo según las necesidades justificadas de las empresas. De esta forma se evitarían despidos. Pone el caso de como en Alemania, en la época de crisis, no se incrementó tanto el paro debido a esta flexibilidad.

Esta falta de flexibilidad en la negociación de las dedicaciones la atribuye por una parte a unas bases de negociación colectiva hechas a medida de grandes empresas, y poco representativas del conjunto de los trabajadores/ras; y por otra parte argumenta que esta situación es la que está llevando al uso desmesurado de la contratación temporal. Como veremos estos dos temas son nucleares en su discurso.

El autor singulariza que esta pérdida de empleos durante la crisis se centró en los jóvenes, y que el hecho tener una formación elevada no ayudó al mantenimiento de un empleo. Ejemplo claro de repercutir las pertubaciones económicas en los más débiles y claro síntoma de baja productividad.

Apunta que hay que observar la productividad para planificar el margen de creación de empleo de las diferentes políticas. En este sentido se contraponen una visión acorto plazo: que propugna que incrementar la productividad puede tener consecuencias en la reducción de empleo; y otra a largo plazo donde la productividad es una variable inexcusable para la mejora del nivel de vida, la mejora de los salarios y la reducción de sus diferencias.

 

Diagnostica que en España la productividad está “tocada” por diversos factores, entre muchos otros menciona: poco énfasis en diseñar un marco institucional que favorezca la productividad del mercado de trabajo y el mercado de productos; un sector productivo basado en sectores poco enfocados a la economía del conocimiento; una brecha tecnológica importante, una configuración empresarial de micropimes que dificultan la creación de economías de escala; y una escasez en políticas de I+D y de innovación. En este último tema es interesante la reflexión de que el al fin y al cabo muchas de las intervenciones en I+D van a remunerar actuaciones que igualmente se habrían realizado, y simplemente son una forma de disfrazar de innovación actuaciones que genuinamente son estrategias empresariales.

Me ha gustado mucho que el autor se refiera a la subocupación (y no a la sobreformación, como hacen otros) y lo define como un fenómeno habitual entre los universitarios, atribuible al sistema educativo y a una regulación laboral que favorece la inestabilidad laboral  y dificulta la experiencia laboral en los puestos para los que se ha estudiado. Se debería ofrecer un buen abanico de propuestas de transición al mercado laboral para jóvenes recién licenciados.

En este punto significa que los sistemas de educación y de formación profesional son poco eficaces. Y reproduce conclusiones del informe PISA 2012, como por ejemplo:

  • Aunque aumenta el gasto en educación no necesariamente mejoran los resultados
  • Graves diferencies de resultados en alumnos según su nivel socioeconómico, género y el hecho que sean repetidores.
  • Poca autonomía de los centros para definir su oferta formativa
  • Poca tutorización y formación continuada de los/las formadores/as

También reclama la necesidad de mejoras profundas en las políticas activas (PAO), sobretodo apela a la vinculación con las pasivas y a la necesaria evaluación de estas políticas.

Muy interesante la mención sobre que los programas de formación no pueden pretender suplir las competencias básicas que debieran venir dadas del sistema educativo.  Esta reflexión coincide con la importancia y necesidad de impulsar medidas de mejora de competencias básicas, especialmente en jóvenes expulsados del sistema educativo y de los adultos. También se menciona la cuestión de poner en valor la FPO de cara a mejorar las condiciones de contratación. Todo esto lo he oído varias veces, y ya no lo apunto, ahora lo subrayo.

Todos estos análisis provienen de las reflexiones sobre la productividad y de cómo mejorarla. Rebla este apartado mencionando que simplemente una buena evaluación de las PAO permitiría asignar recursos de forma más eficiente e incrementar la productividad; y que las medidas deben contemplar el largo plazo. Incrementar gasto en PAO no va a mejorar los resultados sobre la empleabilidad si no hay garantías de calidad ni evaluación que permita priorizar y reorientar. Se agradecen estas observaciones, consuela saber que vamos bien si los servicios públicos de empleo no se pretende que sean meras repartidoras de dinero.

 

Aspectos clave: revisar la negociación colectiva y erradicar la contratación temporal

De hecho, el libro se cierra con un capítulo muy crítico con la regulación laboral y la forma de ejecutar las políticas de empleo. Sus reclamaciones de mejora en la regulación del mercado de trabajo son claras:

Por una parte argumenta que la contratación temporal es uno de los grandes males de nuestro mercado de trabajo. En este sentido expone que la falta de flexibilidad en las dedicaciones laborales obliga a que se opte por esta fórmula de contratación, como alternativa a la contratación indefinida, y eso supone una elevadísima rotación laboral y una falta de adaptación al potencial de producción real que permiten las TIC (tal como se afirmaba en informes citados en el libro). Un aspecto que recalca como clave (y que estos días ha salido a la palestra de voz de la Ministra) es que no hay control judicial ni de inspección de trabajo sobre los supuestos y condiciones que deben darse para motivar la contratación temporal; lo que los lleva a una situación de desregulación y descontrol.

Desde la otra perspectiva se queja que la extinción de los contratos indefinidos está demasiado penalizada y que esto favorece una apuesta rotunda por la temporalidad. Concretamente reclama que los despidos por causas económicas sean mucho más objetivables y bajo un control administrativo, de forma que no queden en manos de una discrecionalidad judicial que al autor demuestra que en muchos casos es desfavorable a les empresas, y haga que éstas tengan menos reticencias a la contratación indefinida. Queda claro que España lidera el uso de la contratación temporal a nivel europeo y en buena parte de los países de la OCDE. Esta dualidad contractual insiste que es económicamente ineficiente y socialmente injusta.

Por otra parte, destaca otra deficiencia del mercado de trabajo como es una negociación colectiva poco representativa de la realidad empresarial. Argumenta que en muchos casos, ante dificultades económicas, las empresas deberían poder crear planes de ajuste que evitasen los despidos mediante flexibilizaciones internas, pero es imposible porque por una parte son de aplicación convenios de ámbito superior y por otra parte han hecho un uso desmedido de la contratación temporal que incentiva la expulsión de estos trabajadores/as. Incluso comenta que esta aplicación de convenios diseñados por empresas de mayor tamaño es, en cierta forma, una competencia desleal a las pequeñas.

En esta reflexión destaca que sólo un 20% de trabajadores tienen afiliación sindical y que un 75% de los trabajadores/as están bajo convenios de ámbito superior. En este margen de flexibilidad incluye los salarios y expone que mientras se pone énfasis en la regulación salarial no se han ofrecido propuestas de medidas de flexibilidad microeconómica de salarios, que seguramente era más requerido.

En definitiva plantea dos grandes dualidades: contratos indefinidos versus contratos temporales y empresas con capacidad de negociación versus empresas sometidas a convenios de ámbito superior. Y esta dualidad explica:

  • la volatilidad del empleo en España, donde el mercado de trabajo responda con mucha intensidad al PIB (que no en términos generales, como hemos visto);
  • que los primeros ajustes de las empresas sea expulsar a los trabajadores temporales
  • que la productividad sea baja, debido puestos de trabajo inestables y de corta duración

Interesantes son también algunas recetas que propone para gestionar fondos europeos:

  • Deben ser políticas complementarias a actuaciones propias
  • Deben ser acordes a objetivos de la estrategia europea
  • Las ayudas deben llegar directamente a los/as ciudadanos/as, y eliminar intermediarios (en este punto menciona la experiencia de lo que denomina “la mochila austríaca”, y que dedicaré a leer para algún nuevo post).

También apunta globalmente a medidas europeas: contrato europeo para la igualdad de oportunidades,  programa europeo de prestaciones por desempleo y reformas del sistema de pensiones.

 

Digitalización y robotización

Sobre la digitalización y robotización de la economía plantea la opinión, argumentada anteriormente bajo la “falacia de la cantidad fija de trabajo”, que no destruye empleo ni genera paro, aunque sí reconoce que se está dando un cambio sustancial en la naturaleza y habilidades asociadas a los empleos, que afecta especialmente a las cualificaciones intermedias.

En este sentido también pronostica que la robotización y la inteligencia artificial acentuarán en gran medida las desigualdades, ya que este proceso está concentrando y polarizando todavía más la riqueza. Y apunta interesantes alternativas, como que se prevean transferencias de capital desde estos sectores hacia los trabajadores/as que se vean desplazados, o que se democratice el acceso a estas tecnologías y sus beneficios.

Como otros autores apela a que la situación actual (por deducciones demográficas y económicas) podría ser de estancamiento secular, sobre todo si las innovaciones tecnológicas polarizan más el mercado de trabajo y no hacen incrementar los salarios.

 

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